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Carmen de Burgos y Seguí, “Colombine” (1867- 1932)

Mujer de personalidad poderosa y extraordinaria capacidad de trabajo, Carmen de Burgos fue autora de una amplia y variada obra –entre el periodismo, la creación y la erudición- que la convierte en pionera en muchos campos y, sobre todo, en paradigma de la mujer profesional que vive de su trabajo, ella y su familia, desde los inicios del siglo XX hasta el mismo final de sus días.

fotoNacida en 1867, en el seno de una familia acomodada almeriense, muy pronto dio muestras de su inconformismo con respecto a la situación convencional de la mujer de su época. Casada muy joven y madre de varios hijos, de los que solo sobrevivió su hija María, no se resignó a un matrimonio infeliz. Con  sorprendente actitud de modernidad,  supo sacar provecho de su propia situación antes de conseguir la libertad que la acompañaría toda la vida. En el periódico que regentaba la familia de su marido, Almería Cómica, dio los primeros pasos en el periodismo, desde dentro y desde abajo. A la vez, Carmen de Burgos prepara cuidadosamente su futuro: estudia magisterio, prepara oposiciones y cuando, ya separada de su marido,  obtiene plaza en la Escuela Normal de Maestras de Guadalajara en 1901, se traslada a Madrid, llevando consigo a su hija, con el consiguiente escándalo en la Almería de principios del siglo XX.

En Madrid inicia su nueva vida, integrándose con facilidad en el mundillo literario. Famosa se hizo la tertulia literaria que, desde 1906, se reunía en su casa los miércoles -luego pasaría a los domingos, por las clases que debía dar en Toledo durante la semana-, por la que pasarían destacados personajes de las letras y la cultura. Ya antes, desde su llegada a Madrid, inicia sus colaboraciones en la prensa madrileña, que se convertirían en una de sus fuentes económicas más seguras. Efectivamente, hasta su muerte, Carmen colaboró en los más prestigiosos medios periodísticos. En 1902, publica unos artículos en La Correspondencia de España; entre 1903 y 1906, colabora en ABC; pero será fundamental su entrada en Diario Universal, en 1903, donde se hace cargo de una columna diaria titulada “Lecturas para la mujer”, siendo la primera mujer española redactora fija de un periódico. Fue, además, su director, Augusto Suárez de Figueroa, quien le sugirió que firmase con el pseudónimo Colombine que la haría popular. Dos años después, en 1905, ingresa en la nómina de colaboradores del Heraldo de Madrid, donde se mantiene hasta 1927. Allí se hace cargo de numerosas secciones, donde refleja sus múltiples inquietudes sobre temas sociales, políticos y culturales. Son de destacar las crónicas de sus numerosos viajes por Europa, así como las que escribe sobre la guerra en Marruecos, desde Melilla, en el verano de 1909, convirtiéndose también en la primera mujer corresponsal de guerra. Esta circunstancia queda resaltada al aparecer el artículo de la escritora –reproducido en esta Antología– en la primera plana del Heraldo de Madrid, bajo el título de “Por los campamentos. Colombine en Melilla”. Igualmente, tuvo gran repercusión la campaña que sobre el voto femenino impulsa desde el Heraldo, publicando, a modo de plebiscito popular, las opiniones de los lectores, entre el 19 de octubre y el 25 de noviembre de 1906, es decir, veintidós años antes de que la mujer española alcanzase el derecho al voto. Por su importancia, se recoge aquí al menos el artículo que abre la campaña.

Entre 1906 y 1908, publica artículos políticos en El Pueblo, de Valencia, que había sido fundado por su buen amigo Vicente Blasco Ibáñez, firmados con el seudónimo Gabriel Luna que, como dice la propia autora, toma del nombre del personaje de la novela del mismo, La catedral.

La firma de Colombine será igualmente frecuente en las revistas de actualidad que tanto auge tienen en la época, como Nuevo Mundo, donde desde 1911 tiene su columna “Mundo Femenino”, de donde procede la reproducida en esta Antología, sobre la moda femenina en las cosmopolitas playas de Ostende, fundiendo así hábilmente la crónica de viaje y de moda, siempre con un estilo cuidado, a la vez que ameno. Particular atención merece su presencia en la revista La Esfera, donde Carmen de Burgos será colaboradora habitual hasta sus últimos años.

Sus colaboraciones periodísticas aparecen en  otras muchas publicaciones tanto de difusión nacional como local. Igualmente, colabora en la prensa portuguesa e iberoamericana.

No se puede olvidar, por otra parte, su contribución a la prensa literaria. Así, hay que recordar su presencia en dos prestigiosas revistas: Prometeo, revista fundada en 1908 por Ramón Gómez de la Serna, con el que Carmen vivió una intensa y fructífera relación personal de veinte años, y donde publica varios artículos en 1909 y 1910; y en la revista del ultraísmo, Cosmópolis, fundada en 1919, donde publica desde 1920 varias secciones sobre literatura portuguesa. Pero, sobre todo, hay que destacar la fundación y dirección de Revista Crítica, de vida breve, entre septiembre de 1908 y abril de 1909, con la que Carmen de Burgos cumplía su proyecto de fundar una revista que atendiese la literatura, el arte, el pensamiento, la política y las múltiples inquietudes sociales y culturales que movían su espíritu.

Paralelamente, cultiva su narrativa, por la que Colombine ocupa un indiscutible lugar en la literatura de la época. Escribió 12 novelas extensas y cerca de 100 novelas breves, además de numerosos cuentos que reúne en libro (Cuentos de Colombine, Valencia, Sempere, 1908) o aparecen en diarios y revistas como Por esos Mundos, Nuevo Mundo, La Esfera, Mundial Magazine, etc.

Es autora también de una diversidad de libros sobre temas variados: de viajes, temas sociales (defensa del voto femenino, defensa del divorcio y, en general, sobre  los derechos de la mujer y del niño, defensa de los israelitas, contra la pena de muerte, etc.), temas culturales, didácticos, jurídicos, políticos, biografías, traducciones, prólogos, incluidos los libros, tan frecuentes en la época, destinados a la belleza y conducta social de la mujer (El tocador práctico, El arte de seducir, ¿Quiere usted comer bien? Arte de la elegancia, Modelos de cartas, etc.), donde se descubre una vez más a la profesional que vive de su trabajo.

Pero, además, Carmen mantiene su profesión docente que le causa frecuentes problemas, viaja, da conferencias y cursos en varias universidades españolas y extranjeras, preside y colabora con diversas asociaciones femeninas -Presidenta  General de la Cruzada de Mujeres Españolas y de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Iberoamericanas-, participa en política, militando primero en el Partido Socialista, desde 1910, y luego, desde 1931, en el Partido Republicano Radical Socialista. Y, como documenta su mejor estudiosa, Concepción Núñez (Carmen de Burgos Colombine en la Edad de Plata de la literatura española), Carmen de Burgos ingresó en la Masonería el 2 de diciembre de 1931, fundando la Logia Amor , aunque su simpatía por la masonería venía de lejos. Murió pocas horas después de su última intervención pública, en la sede del Círculo Radical Socialista, el 9 de octubre de 1932.

Fue, por lo tanto, una mujer de personalidad desbordante, inquieta, trabajadora, y, sobre todo, situada siempre en la avanzada de su tiempo, por lo que hoy el nombre de Carmen de Burgos es imprescindible a la hora de recomponer el periodo que le tocó vivir.

                                                                     

                                                                      Ángela Ena Bordonada

 

Artículos de Carmen de Burgos y Seguí:

 

Sofía Pérez Casanova - Educación y Poesía   EL VOTO DE LAS MUJERES

Sofía Pérez Casanova - Educación y Poesía   POR LOS CAMPAMENTOS

Sofía Pérez Casanova - Educación y Poesía   MUNDO FEMENINO

 
 

Información sobre el/la investigador/a

Catedrática de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense, donde imparte clases de Literatura Española. Leer más >